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El panorama es desalentador, entre guerra, hambre y reciclaje, así viven los indígenas

 

La frontera tiene problemas ocultos, uno de ellos es el asentamiento en Vichada de indígenas provenientes de Venezuela, quienes salen huyendo de la guerra y del reclutamiento forzado de menores.

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Las comunidades de amorúas y sikuanis están en riesgo y lo único que les queda es huir para salvar su vida y dejar de padecer por el colapso de Venezuela, aunque aquí su panorama es desalentador pero dicen sentir más tranquilidad.

“Nos vinimos porque los guerros (ELN) de Venezuela se iban a llevar los hijos de nosotros. Un día nos encañonaron, nos dijeron que si no nos íbamos esa noche nos mataban a todos”, le contó Amaíris García, indígena sikuani, a El Espectador.

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La mujer le relató al diario que desde el 1 de junio de 2020 está en esta zona de Colombia junto con toda su familia y se han dedicado a recolectar plástico de la basura, esperan los camiones y se abalanzan sobre ella para intentar juntar la mayor cantidad de botellas posibles, pues les pagan a 10 mil pesos colombianos por un kilo.

Esta situación se ha convertido en algo muy preocupante para la empresa de aseo, pues se asegura que la basura es un foco de enfermedades, pero al perderlo todo los indígenas no tienen más opción que vivir de la basura.

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Aunque han encontrado otras opciones como cubrir las motocicletas del sol con cartones y por ello recibir unas cuantas monedas o recolectar algodón por un pago de 10 mil pesos el día.

“Hay que educar a este país, porque quizá no haya otra región donde los indígenas reciban un trato tan discriminatorio y violento como en la Orinoquia. Estas poblaciones originarias no deberían ser despreciadas. En el caso de los amorúas, no podría explicar cómo pueden seguir existiendo sin comida, territorio, identidad y, ahora, viviendo cerca de la basura”, explicó a El Espectador Fernando Fierro, un abogado que trabaja en esta región.

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