“Mira las bondades en ellos, la grandeza que pueden traerte a ti, a tu país, a tu familia, a tu vida”

 

Para muchas familias el Día del Niño es motivo de celebración, incluso se dan y reciben regalos en casa para que los más pequeños se sientan queridos. Pero esto no ocurre en todos lados y son muchos más los menores que hoy en Colombia no cuentan si quiera con quien les diga: Feliz Día.

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Gran parte de estos menores de edad son venezolanos, y es que parece que nadie los ve, que nadie sabe que están ahí y que a nadie les importa. Muchos niños del vecino país hoy sobreviven en Colombia por las dádivas y por una gran fuerza que hace que no desfallezcan.

Organizaciones como la Unicef han ayudado a estos pequeños, pero parece que nada es suficiente. Desde La Parada en Cúcuta, hasta Quirigua en Bogotá, pasando por todos y cada uno de los departamentos del país se puede ver a niños venezolanos en la calle, que se unieron con los niños colombianos para hacer de este flagelo un problema ahora indeleble.

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Una nota de prensa, una crónica y ni siquiera reportajes de investigación con múltiples entrevistas sirven si las autoridades nacionales e internacional no se abocan a ayudar a este sector de la población que no solo necesita planes de dos meses, tampoco una foto con algún artista o político; necesitan programas permanentes que velen por sus derechos.

“Es difícil tener tantos dulces a la mano y no poder comerlos porque tengo que venderlos”, dijo una niña citada por el diario La Opinión de Cúcuta. Ella vive en uno de los barrios de La Parada, comunidad fronteriza, y como ella hay miles más.

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Según un estudio hecho por la Fundación Nuevos Horizontes de Juventud y la Universidad del Rosario, en 2015 en La Parada vivían alrededor de 2.000 personas, pero para 2020 ya se contaban en 11.000, lo que se traduce en un crecimiento superior al 450 %.

De estos, más del 90 % son venezolanos, y al menos 270 niños no tienen acceso a estudios.

Jony Cifuentes, director de esta ONG, indicó al mismo diario que “no se puede vivir de solo buenas intenciones. Hay organizaciones que llegan con grandes planes, pero son por un período limitado, no es suficiente con darles talleres por seis meses. El problema sigue luego que se acaba el contrato”.

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Y si esto ocurre en Cúcuta, la imaginación no puede darnos imágenes claras de lo que ocurre en metrópolis como Medellín, Barranquilla, Cali o Bogotá, donde la cantidad de problemas se multiplica y donde estos niños simplemente no son vistos como prioridad para nadie.

Pero no todo está perdido, Education Cannot Wait o La Educación No Puede Esperar, fondo mundial de la Unicef para establecer una ayuda continua en la formación de niños y adolescentes migrantes, refugiados y desplazados está haciendo su trabajo.

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Su directora Yamine Sherif indica que “cuando eres un refugiado, realmente lo has perdido todo. Por eso nos centramos en los niños”.

En una nota de El País de España ella explica que cuando viajó a Venezuela y a Colombia, este mismo año, vio a muchas familias de la nación otrora petrolera cruzando la frontera abandonándolo todo, con tan solo un par de bolsos a la mano. Más tarde presenció cómo se trabaja en una de las escuelas fronterizas, donde Save The Children, el Consejo Noruego de Refugiados y el Gobierno Nacional hacen lo que pueden.

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“Los ves en las clases, están llenas de color, tienen buenos libros de texto, tienen grandes maestros y finalmente pueden empezar a soñar de nuevo. Colombia los está tratando con humanidad, con compasión, con empatía y tomando medidas”, cuenta.

Sherif explica que desde 2015, alrededor de 6 millones de personas han huido de Venezuela: especialmente a Colombia (2.4 millones), Ecuador (1.5 millones ) y a Perú (840.000), entre otros países de la región.

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Así, que la Unicef consideró ya que es “el mayor desplazamiento forzoso de la historia de América del Sur, superado únicamente a escala mundial por el éxodo sirio”.

“Así que además de apoyar en la emergencia, nos mudamos y proporcionamos apoyo a las comunidades de acogida, a sus escuelas y a sus maestros que son capaces de proporcionarles una educación continua a pesar de que son desplazados”, dijo esta abogada de descendencia griega y suiza desde la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

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“Mira las bondades en ellos, la grandeza que pueden traerte a ti, a tu país, a tu familia, a tu vida. Si los abrazas con humanidad, tú también serás abrazado por la humanidad el día que necesites ayuda”, concluyó Sherif.

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