Los perros o gatos son seres vivos que nos despiertan sentimientos, pero no les podemos dar facultades humanas.

Rodrigo Córdoba, jefe del departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario y expresidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas aseguró que “las mascotas siempre han estado en la historia de la humanidad y esto genera vínculos y genera afectos, y obviamente los perros hacen parte de nuestros afectos, pero entonces se empieza a hablar de amor desmedido y hasta dónde va ese amor, hasta donde sacrificas cosas que de pronto hacen parte del sentido común o de la vida ordinaria”.

El doctor Córdoba habló de una figura de mascotas humanoides, y explicó que la polémica está en darle facultades humanas, como pensamiento o habla a animales que por naturaleza no tienen, sin embargo, aseguró que es una de las terapias eficaces, por ejemplo, para el desarrollo de los niños.

“Yo creo que las mascotas y quizás no solo ahora, se convierten en humanoides, entonces empezamos porque todos tenemos experiencias en este sentido a darles formas humanas, entonces ‘tiene frío, está preocupado, lo veo triste’ pero quizás es la forma de proyectar los afectos, las preocupaciones, los sentimientos y esa es la tarea de las mascotas, por eso se recomiendan que los niños tengan mascotas, para hacer ese adiestramiento con la vida, aun desde las pérdidas que son los inicios de llevar un duelo”, sostuvo el experto.

En cuanto a las señales de alarma para saber que se está sobrepasando un límite con las mascotas, el doctor Córdoba dijo que “cuando se empieza a convertir en algo disfuncional o cuando termino sacrificando situaciones, y eso me trae dificultades en mi vida familiar, en mi vida de pareja o en mi vida laboral pues sin duda que sí. O que se vuelva una idea constate, que definitivamente nada sea suficiente, que intente incluirlo en situaciones que no sean previsibles, porque los perros o gatos son seres vivos que nos despiertan sentimientos, pero no les podemos pedir que nos hablen y terminamos interpretando o queriendo creer que nos están diciendo algo, cuando la estructura cerebral de un perro o un gato no les permite el habla, entonces pues hay vemos que estamos llegando a situaciones límite”.

Los perros no son hijos en la definición biológica, sin embargo, el doctor Córdoba dice que lo sucede es que “algunas personas le dan la categoría de ser prolongaciones de sí mismos y en ese sentido serían hijos entre comillas”.  

Frente a quienes se han sentido juzgados por el amor que le dan a sus mascotas, el galeno indicó que “nadie desconoce el amor que se pueda sentir por una mascota, hablando de un amor que se lleva a los sentimientos puramente, pero definitivamente cuando dices hijo, pues sí, pero no despierta el mismo sentimiento de un hijo humano”.  

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